Nació la Orden de predicadores como una familia: una familia que comparte el mismo carisma de la Predicación de la Palabra de Dios.
Familia de caras múltiples: monjas, hermanos, seglares en fraternidad o instituto secular, hermanas apostólicas, sacerdotes seculares en fraternidad. «Cada una tiene su carácter propio, su autonomía. Sin embargo todas participan del carisma de Santo Domingo, comparten entre ellas una vocación única de ser predicadores en la Iglesia» (Capítulo de México, 1992), el anunciar el Evangelio. Fue el propósito de Domingo. La primera fundación de Prouilhe tuvo un prior y una priora.
Predicamos al Verbo hecho carne y aquel Verbo de Dios puedo hacerse carne en lo que decimos y también en todo lo que somos. Ser predicador significa que cada uno de nosotros es enviado a los que encuentra.
Durante sus noches de oración, era cuando Santo Domingo encontraba la fuente de su pasión y de su predicación. Tenemos que hacer nuestro su grito: ¿Qué será de los pecadores? Sin olvidar que no puede haber compasión por los pecadores sin compasión por el sufrimiento de los hombres en el mundo caótico donde se desencadenan las fuerzas del mal.
¿La Familia Dominicana? 150 000 personas aproximadamente en 108 países diferentes.
Juntos procuramos ser una palabra viva. |